El suicidio es definido como “todo acto por el que un individuo se causa a sí mismo una lesión, o un daño, con un grado variable en la intención de morir, cualquiera sea el grado de intención letal o de conocimiento del verdadero móvil”. Las “conductas suicidas” incluyen un amplio espectro de conductas, conocido también como suicidalidad, que incorporan la ideación suicida, la planificación, el intento suicida, hasta el acto consumado.
La ideación suicida son los pensamientos acerca de la voluntad de quitarse la vida. La planificación se refiere a la elaboración de un plan y la obtención de los medios para suicidarse. El intento suicida son las conductas o actos en que una persona busca intencionalmente causarse daño hasta alcanzar la muerte, pero no logra la consumación de ésta. Por último, el suicidio consumado, sucede cuando una persona de manera voluntaria e intencional termina con su vida, distinguiéndose por su fatalidad y la premeditación.
Causas y/o Factores de Riesgo
El suicidio es un fenómeno complejo en donde se mezclan múltiples causas. Las conductas suicidas se ven estrechamente ligadas a las experiencias relacionadas con conflictos, violencia, abuso, pérdidas y sensación de aislamiento, hecho demostrado en las elevadas tasas de suicidio de personas pertenecientes a grupos históricamente excluidos que son víctimas de discriminación.
Los principales factores de riesgo del suicidio son la depresión y el intento previo, sin embargo, estos varían de acuerdo al grupo etario. En el caso de las y los jóvenes, algunos de los principales factores de riesgo de suicidio son: intentos de suicidio previos, variaciones en el comportamiento escolar, dificultades socioeconómicas, falta de apoyo social, acceso a drogas y/o a armas de fuego, aparición de una enfermedad mental y percepción de disfunción familiar. También situaciones adversas como el abuso sexual, abandono, violencia intrafamiliar, desempleo y consumo problemático de sustancias.
¿Cuáles son algunas señales de advertencia de suicidio?
Algunas señales que indican la necesidad de buscar ayuda son:
- Sentir más preocupación e irritabilidad de lo habitual.
- Dificultad para disfrutar de la vida, sentirse muy triste.
- Tener pensamientos y sentimientos que abrumen e interfieran en actividades cotidianas.
- Sentir complicación en realizar tareas cotidianas, incluso aquellas que parecieran muy simples (por ej. preparar comida, aseo personal y otras).
- Intentar hacerse daño o estar planificando hacerlo.
- Dejar de comer, usar laxantes o vomitar para perder peso.
- Consumir drogas o alcohol frecuentemente y de manera excesiva.
- Tener drásticos cambios en el estado del ánimo, en conductas o en hábitos de sueño.
- Tener intensos miedos y temores que impidan realizar actividades.
- Sentirse muy pesimista respecto a futuros planes.
- Estar atravesando por una situación compleja en la vida y que cueste sobrellevarla.
- Expresar deseo de muerte, por ejemplo, “desearía estar muerta” o “desearía no haber nacido”, etc.
- Conseguir medios para quitarse la vida como fármacos o armas.
- Aislarse de la sociedad, familia, amistades y querer estar constantemente sola o solo.
- Tener cambios repentinos de humor como euforia y tristeza en periodos cortos de tiempo.
- Sentirse atrapada, atrapado y desesperanzada, desesperanzado.
- Regalar las pertenencias o comenzar a ordenar asuntos personales cuando no es necesario hacerlo.
- Despedirse de personas como si no se fueran a volver a ver más.
¿Qué hacer para prevenir el suicidio?
- Consultar al centro de salud correspondiente para que se busque ayuda con una profesional (psicólogo y psiquiatra).
- No aislarse, no alejarse de la familia, amigas y amigos, conversar con ellas y ellos, para que se mantengan al tanto de lo que se está sintiendo.
- Prestar atención a síntomas y signos mencionados
- Dar un paso hacia atrás y separar las emociones de las acciones por el momento, es decir, reconocer que la depresión y la desesperanza pueden reducir la capacidad para tomar buenas decisiones.
- Comprender que las ideas suicidas no duran para siempre y que son tratables.
- Buscar ayuda de inmediato, llamar a una persona especialista y/o comunicarse con un familiar, o con una amiga o amigo cercano.
- Buscar y aprender estrategias de afrontamiento.
- No tratar los pensamientos o comportamientos suicidas por su propia cuenta, se necesita apoyo de una persona especialista.
- Confeccionar un plan de acción en conjunto con la persona profesional, de esta manera se tendrá un plan cuando vengan ideas o pensamientos suicidas, en él se pueden incluir puntos como recordar por qué la vida propia es valiosa y razones para vivir.
- Mantener una lista de contactos fácilmente disponibles.
- Eliminar medios para quitarse la vida.
- Planear actividades diarias.
- Unirse a grupos de apoyo.
- Evitar consumo de drogas
Si una persona cerca de ti presenta algunos de estos síntomas o signos comprende que estos no son para “llamar la atención”, sino porque realmente necesita ayuda. Crea instancias que le permitan conversar de manera privada y confidencial, expresando intereses y preocupación. Es un mito pensar que conversar sobre suicidio puede gatillar a la ideación o al acto consumado. Apóyale y ayúdale a contactar a su red de apoyo (familia, amigas, amigos, profesionales de la salud, etc.)
Fuente. https://hablemosdetodo.injuv.gob.cl/